El Valle del Cidacos

Yanguas y las tierras fronterizas entre Soria y La Rioja fueron lugar de paso para gigantescas y desaparecidas especies. Sus extrañas y enormes huellas fascinaron durante el Medioevo a los habitantes del Alto Valle del Cidacos, quienes las atribuyeron al paso del caballo del Apóstol Santiago. Un caballo fabuloso, la verdad, no sólo por su tamaño sino porque su rastro se aprecia en muchos kilómetros a la redonda. Lo cierto es que las misteriosas huellas pertenecen a gigantescos dinosaurios. Para comprender el porqué de las ‘icnitas’ (nombre científico de las huellas fosilizadas) a lo largo del Cidacos, hay que remontarse en el tiempo al período Cretácico, nada menos que 120 millones de años atrás. En esa época no existía el río ni las montañas que lo rodean; en cambio el territorio era una inmensa marisma. Por allí circularon dinosaurios, dejando marcas de sus patas y del arrastre de su cola en la superficie blanda.
Resulta muy singular –sorprendente y divertido, si se viaja con niños- descubrir en el paisaje un dinosaurio. Figuras de escayola a tamaño real aparecen de vez en cuando, alertándonos de que estamos en la que fue su tierra.
Enciso, ya en La Rioja, además de ser un pueblo muy pintoresco, famoso por la producción de preciosas mantas artesanales, acoge un Centro Paleontológico de obligada visita, sobre todo si el plan es recorrer los innumerables yacimientos de icnitas de la zona (sólo en el término municipal hay 1400).
Hay varias ‘Rutas de Dinosaurios’; sin duda tres de las más impresionantes son las de Virgen del Campo, Poyales y Barranco de la Canal. El primer yacimiento se halla muy cerca de Enciso y está presidido por una reproducción de un monumental saurio, cosa que fascinará a los peques. En la roca se observan rastros de un dinosaurio cazador que va en pos de otro. La segunda ruta, para hacer en coche, se interna por el valle de Poyales. El itinerario es precioso y diverso: Se pueden ver magníficas icnitas de un teroplantígrado en el yacimiento de Poyales y huellas de un gran ornitópodo en la Cuesta de Andorra. Al final del camino se halla Navalsaz, una entrañable aldea nacida en el Medioevo que conserva el encanto de la tradicional arquitectura serrana.
El yacimiento de la Canal se encuentra cerca de otro encantador pueblo, donde se elaboran unos quesos deliciosos: Munilla. Los fanáticos de los saurios –y los niños- se deleitarán con el largo rastro de 33 icnitas de un brontosaurio, un reptil que podía llegar a medir 50 metros.

Desde Peroblasco, una entrañable aldea que fue recuperada del abandono, ricas huertas y viñedos comienzan a colorear el valle. A la fértil vega del Cidacos se asoma Arnedillo, un pueblo declarado Conjunto Histórico Artístico, eje del turismo de la comarca. En Arnedillo comienza la Vía Verde del Cidacos, un sendero ideal para recorrer en bici o andando que se adentra por los montes de Préjano hasta Calahorra. El pueblo también cuenta con un gran balneario, donde se pueden disfrutar de sus famosas aguas termales.
Sea en bici o en coche, desde Arnedillo vale la pena desviarse hasta Préjano y tomar el solitario camino comarcal que va paralelo a la carretera principal. Desde allí se tienen unas estupendas vistas del Monasterio de Vico recortado contra el desfiladero que encierra al río.

Fuente: Minube.com